Lecturas y búsquedas para el verano

Lecturas y búsquedas para el verano

Mercedes de Luis Andrés.-Argelia fue una colonia de Francia, como sabemos, como toda inmigración, tuvo sus desventajas y sus ventajas. Si bien el tejido social francés absorbió la riqueza de la inmigración, sobre todo preocupa en la opinión pública francesa, cómo mantener el equilibrio en una sociedad fragmentada.   Recuerdo bien, en Lyon, los “breakdancers” tomaban el peristilo de la Ópera Realcada atardecer. Me fije en aquellos chicos que bailabanasí, se identificaban en grupos.

Me contaron que eran inmigrantes y descendientes de inmigrantes. Sus familias llegaron desde fuera de Francia en la etapa post-colonial y  como todos sabemos, el proceso de integración es lento como un elefante.  

Me contaban que les gustaba bailar “breakdance” allí porque tenían más público que si lo hicieran en cualquier otra parte. También porque la Plaza de la Ópera es un lugar emblemático frente a la fachada trasera del Ayuntamiento de la ciudad. Su música no hacía daño a nadie y bailaban como los ángeles. No encontré ni rastro de reivindicación en sus comentarios, era una situación normalizada e integrada en la cultura cotidiana de la maravillosa ciudad.  

De Argelia, es oriundo un joven artista llamado, Yasser Ameur, cuya obra se expuso en una feria de arte  del Palacio de Cibeles de Madrid, este invierno. El compromiso en Yasser Ameur, consiste en tomar una decisión que no estaba obligado a tomar, podía haberse limitado a pintar, al arte por el arte. Pero eligió ponerse al servicio de esta causa, la denuncia social, de manera consciente. Puesto que Yasser decidió llamar la atención de la sociedad argelina, indiferente, según él, al arte, tenía que encontrar un lenguaje pictórico que conectara con todos los niveles de espectadores.

A esta decisión, le siguieron riesgos y responsabilidades públicas. Las reacciones en el Magreb y en todos los países árabe-musulmanes y occidentales no se hicieron esperar. Yasser denuncia de manera evidente el extremismo religioso del Islam, sobre esto, curiosamente, las reacciones de los espectadores incluso en Algeria han sido positivas.  

Si podemos hablar de un autor proveniente del mundo árabe que se siente ciudadano del mundo, alguien que ha expresado en sus ficciones y sus ensayos, las ideas de su corazón, es Amin Maalouf. Lo ha hecho con valores de amistad, amor, recuerdo, exilio y promoviendo la necesidad de construir puentes entre Oriente y Occidente - un asunto siempre presente en su pensamiento literario -.

En declaraciones pasadas durante una entrevista pública en Madrid, a propósito de su novela “Los desorientados”, comentó: “He tenido durante mucho tiempo el sentimiento obsesivo de que el mundo al que pertenezco se desvanece día a día y que puede evaporarse incluso aunque esté vivo. Escribo inspirado en mis propios fantasmas, miedos, remordimientos, en mis propias memorias”.  

Amin Maalouf nació en Beirut, Líbano, en el siglo pasado, en el año 1949. País crisol cultural, escenario de diferentes tradiciones culturales y religiosas, fue durante los conflictos armados que vio alterada su riqueza intelectual y política en una interminable destrucción. Esta decadencia histórica le lleva al escritor a perder la memoria de lugares y fechas, como un suceso traumático. En cualquier caso, el lugar que fue Beirut se desdibuja en el recuerdo del escritor, de la misma manera que se pierde Alejandría, diciendo adiós a la ciudad que se va.   Desde su exilio, Amin Maalouf ha contribuido al Periodismo con artículos desde India, Etiopía, Kenya, Yemen y Algeria, en algunos casos como corresponsal de guerra. En la actualidad se dedica a la escritura de libros de narrativa histórica, añadiendo fantasía con la habilidad de los mejores maestros narradores. Su literatura siempre trata de conciliar los valores de las distintas culturales del mundo Mediterráneo.   En Italia, se rodó una película que mostraba los efectos de repoblar un pueblecito apenas habitado, con gente inmigrante.

Esta película cuyo nombre no recuerdo, se estrenó en un cine de Orléans el año pasado. En seguida nos damos cuenta que hay una ola de personas interesadas en abrir una ventana y salir de la oscuridad. Nada de lo que vean en estos tiempos es casual.   Observamos que tal y como está construida la sociedad, el discurso político tiene más fuerza que el discurso de contenido educativo o artístico.

El hecho de que el escritor Amin Maalouf o el pintor Yasser Ameur se pronuncien sobre su identidad, es una invitación para todos, no solo para el sector de la Cultura y el de la Comunicación, sino para todo el mundo que conforma la sociedad occidental. Que su identidad pase más o menos desapercibida porque requiere un esfuerzo de interpretación, quizá lo podemos arreglar con alguna recomendación de lectura, para este verano, escritos por Amin Maalouf, “Identidades asesinas”, “Los desorientados”.  

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